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Si no salvo mis ideales, no me salvo a mi.







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lunes, diciembre 22, 2008

De la Iatrogenia al "savoir faire"

Despierta

Iatrogenia de la psicología

Los sentimientos heridos por el psicólogo no tienen justificación moral ni efecto terapéutico


MANUEL J. MORENO PSICÓLOGO Y PSICOANALISTA Cuando la psicología se pone al servicio de la psicoterapia, las relaciones terapeuta-paciente se convierten, necesariamente, en un asunto delicado. Dichas relaciones requieren, como a nadie se le debería escapar, mucho tacto, atenta escucha y cierto «savoir faire» por parte de quien conduce la situación, es decir, por parte del psicoterapeuta. Infligir daño moral a un paciente por falta de consideración, respeto o simplemente por torpeza, no sólo en lo que se le dice o sugiere, sino y sobre todo en cómo y desde dónde se le dice, es algo que no debiera ocurrir nunca, pero que desgraciadamente sucede a menudo. El paciente o cliente es un sujeto que acude al especialista habitualmente aquejado de malestar y sufrimiento psíquico, esperando de él interés genuino, comprensión y empatía. Quien no sea capaz, por ineptitud, de ofrecer lo anteriormente descrito, acaso debería dedicarse a otros menesteres. Hay preguntas, gestos, opiniones, sugerencias, sugestiones... que desbaratan el ánimo de cualquiera, especialmente el de una persona que se encuentra en las proximidades de un cierto «abaissement du niveau mental», por emplear una expresión de Pierre Janet. Preguntar de forma teleológica a quien carece de asideros estables, máxime si es una adolescente de ciertas características y con dificultades de aceptación -como «¿no te parece que tus padres son demasiado mayores?»-, cuestionar de manera brusca e impermeable lo que el paciente siente decir, tratar de «colocar» al paciente una interpretación presupuesta y previamente asentada en determinada teoría o punto de vista es, si queremos amortiguar la calificación bajo excusa de ignorancia o ineptitud, un golpe seco y certero a la sensibilidad e inteligencia del paciente. La aflicción, el desconsuelo, los sentimientos heridos infligidos por el psicólogo, analista o psicoterapeuta, no tienen justificación moral ni efecto terapéutico alguno en psicoterapia, debiendo ser anticipados y en lógica consecuencia, evitados, por quienes tienen el deber moral y profesional de ayudar a sus pacientes en la ardua tarea de restablecer su amenazado -o perdido- equilibrio psicológico. El psicólogo clínico, analista o psicoterapeuta, debe ofrecer a la sociedad garantías de recepcionar debidamente a quien precise de su intervención, de contener de forma comprensiva el sufrimiento humano, sea cual sea su origen, y de aliarse con el paciente en una sui generis contienda, cognitiva y emocional, que le permita fortalecer su ánimo y personalidad, en aras de un mejor y más adaptativo posicionamiento interior frente a circunstancias dadas, o ante las cambiantes y a menudo adversas condiciones de la vida de una persona. Se denomina «iatrogenia» a cualquier tipo de alteración del estado del paciente producida por el médico. El término procede de la palabra «iatrogénesis», que tiene por significado «provocado por el médico o sanador» («iatros» significa «médico» en griego, y «génesis», «crear»'). Parafraseando a Mefistófeles en la inmortal obra de Goethe, «Fausto»: «Toda teoría es gris y sólo es verde el árbol de dorados frutos que es la vida».

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