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Si no salvo mis ideales, no me salvo a mi.







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jueves, abril 29, 2010

Cualquiera puede ser Silvia, que es sinónimo de víctima

Por Mª Ángeles Sierra.

Pertenezco a otros tiempos, pero las terribles conductas humanas, parece ser que están decididas a persistir por mucho que los tiempos cambien.

M.L.M hoy es abogada. No hace demasiado tiempo y por casualidad, paseando descubrí donde tiene su bufete, al detenerme a mirar una de esas placas que se ponen en los edificios y que por su vistosidad llamó mi atención. Al reconocer su nombre y apellidos, 35 años después, instantáneamente mi cuerpo se estremeció y una sensación de ansiedad y malestar indescriptible se apoderó de mi. Pude recordar su rostro, sus gestos, sus burlas, sus despiadadas burlas, por ser yo quien era y como era. Instantáneamente vino a mi memoria el primer día en que aprovechando que se sentaba tras de mí y que mi cabás colgaba sobre mi silla, justo delante de ella, aprovechó para abrir el departamento en que guardaba el ocho para comer en el recreo, -en el que solo a mi me era negado salir del aula-, que todos los días mi madre solía comprarme y se lo devoraba en presencia de las demás compañeras que se lo reían y de aquella monja y tutora clasista y discriminadora que se comportaba con cada una de nosotras en función de cómo te apellidaras y del status social y económico que ostentabas, que lo presenciaba impasible como si nada estuviera pasando, quizás recreándose en presenciar la impotencia y el desgarro interior que yo por dentro sentía por ser víctima con su consentimiento  de semejante indigna injusticia.

Este fue uno de los muchos episodios de discriminación y bullyng que a mi me tocó vivir en mis tiempos y que dejaron en mi unos recuerdos y unas cicatrices imborrables. Me daría para mucho explicar tanta vergüenza humana, pero me duele plasmarlo. Cuanto más intentaba arreglarlo, más se empeoraba la situación, lo que me llevó a tener que curtirme en silencio y a navajazos.

Hasta me trató Manolo, -el psicólogo de aquel clasista y abominable colegio, en el que me admitieron bajo presión-, porque mi nivel no ascendía y la razón de mi situación de aislamiento dentro del entorno escolar el muy pelota y estómago agradecido entendía que era única y exclusivamente responsabilidad mía por imperativo institucional.

Llegó a comunicarme con 12 años aquel psicólogo de pacotilla, que era una niña apática, arisca, desmotivada, incorrecta y mal educada por lo que me había citado y hasta llegó a decirme tras una absurda entrevista en que me provocó todo tipo de vomitivas sensaciones menos confianza:

- ¿Y qué trabajo te cuesta de vez en cuando echar una sonrisita? Me ha dicho tu tutora que eres una niña demasiado arisca.

A lo que le respondí provocando en él un gesto de mal humor, con el que ya me despediría:

- ¿Para qué, si sería fingida?

Nunca entendió, -o tal vez porque consintió- la profundidad que encerraba la simplicidad de mi respuesta, que no era más que un grito en el silencio y desde la desconfianza de una niña muy herida.

Aquellos episodios había que vivirlos y superarlos desde el silencio y la soledad, forzando siempre el llanto hacia adentro y asimilándolos como crueles actos anecdóticos que sin más se habían cruzado en tu vida y que lejos de ser denunciados tenían que ser superados para que al menos nada ni nadie más te acusará de la sin razón de ser provocadora y por tanto culpable de la secuencia de agresiones verbales y psicológica que por ser diferente de la media te estaba tocando sufrir.

Hoy por el contrario, nuestro sistema educativo parece haber articulado una serie de garantías politicas, representativas,  ejecutivas y programáticas que a mis 11 o 12 años no existían. Tal vez muchas M.L.M han sido conscientes de sus atrocidades infantiles, contra las que posiblemente hayan hasta luchado para preservar de su feroz garra a sus propios hijos. Muchos “Manolos” han cambiado el método de actuación psicológica, preponderando el premio más que el castigo, muchos docentes, responsables políticos y administrativos han comprendido que aquel consentimiento en la acusación y la permisividad de la agresión entre humanos no era lo correcto.

Sin embargo el acoso sigue existiendo, como sigue existiendo la acusación, el desprecio, la ocultación, el ninguneo y el aislamiento a sus víctimas. Quizás todas esas medidas solo sirvan para algunos casos, lo de los suyos, igual que antes,  los allegados.

Prueba de ello y no encuentro una situación hoy por hoy sentida a mi alrededor, más cruel, sibilina, canallesca, despectiva e incluso maquiavélica que la que se está produciendo y consintiendo por parte de la Junta de Extremadura, con Silvia.  en el eterno espacio que puede suponer para una niña de 11 años, ser víctima  5 años de concatenado sufrimiento, 

Quien sabe si el hoy GFV (Responsable Primero  de la Junta de Extremadura) y toda su descendiente jerarquía, no fueron en su niñez posiblemente jesuitina uno más como MLM, hoy abogada en ejercicio, o como cualquiera de aquellas silenciosas y consentidoras niñas que seguro llegaron a “algo”, parientes de algún “Manolo” de barriga agradecida.

Por mucha bazofia propagandística que quieran vendernos, antes como ahora, en tanto en cuanto no se desenmascare,  neutralice y erradique  a los culpables y responsables de tan salvajes tropelías, cualquiera puede ser Silvia, que es sinónimo de víctima.

2 comentarios:

Unknown dijo...

Quienes hemos vivido en internados por nuestra diversidad hemos aprendido a sobrevivir en el mundo exterior a sonreir mientras nos pegaban la puñalada en el estomago al tiempo que giraban la muñeca para sacarnos las tripas.
Son muchos los que han ganado prestigio ante sus iguales demostrando su superioridad humillando a los más débiles. Lo mejor del caso es que, como bien dices, muchos de los responsables de velar por la civilidad miraban para otro lado y, como mucho, nos consolaban diciendo que el que nos habia pegado la puñalada no era malo y que debiamos ser comprensivos y perdonar. Perdonar perdonamos muchas veces, demasiadas, pero olvidar, olvidar no olvidamos.
Lo jodido del caso de Silvia es que vive en tierra de conquistadores y allí, por lo visto en este foro, los diversos comemos aparte. Me viene a la memoria el caso Placeat y un intercambio epistolar que mantuve con la entonces consejera de servicios celestiales. País

Vagabundo dijo...

Precioso retrato de una minante actitud social, donde el status sigue presente aún hoy día, pues los deshabilitados institucionales siguen siendo los parias, los indeseables, los marginados.

Gracias M.L.M. por ser tan "hiji piti", porque provocaste en una persona con una sensibilidad sin igual , hacerla fuerte, muy fuerte. Ojalá cuando le des a tus supuestos vástagos un tentempie para el colegio te duelan las tripas y te martillee el recuerdo de tu "noble actitud" ante una compañera en clara soledad en todos los terrenos.
GFV date por aludido; tú y tus lacayos, que si bien esa niña no tiene esa fortaleza de espíritu seguramente con el tiempo esa frustración enorme y autoestima por los suelos se te recuerde; no quizás por la principàl víctima sino por el dolor de un padre que en modo alguno admite tal marginación. A pesar de cierta "amnesia selectiva voluntaria" por vuestra parte, ahí estaré para entrenaros y recordaros vuestras complicidades ingratas, cual "Manolo psicólogo" como poco.

Felicidades María. Me sudaron los ojos... al leerte. Un beso.

(Rectifiqué una palabra por posible mala interpretación hacia cierto colectivo, indicado por una amiga. Por lo demás el comentario es el mismo que el original)