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Si no salvo mis ideales, no me salvo a mi.







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sábado, agosto 09, 2008

Como evitar el suicidio.


Prevención es la clave


Sonó el teléfono y contestó el profesional de la psicología: “Ricardo, ¡Ayúdame, por favor! ¡Necesito apoyo profesional!.

En aquella ocasión, quien llamaba venía por la carretera que conecta a ciudad Victoria con Reynosa, y se escuchaba agitado; pensó en viajar como siempre, a una velocidad moderada, pero a medida que iban pasando las melodías de Cristian, su corazón le reclamaba sentimientos no justificados, y la aguja del velocímetro subía a 120, 130, 140 y hasta 150 kilómetros por hora. Estaba perdiendo el control del automóvil y de él mismo.

Venía pensando en que para una persona con diabetes podría ser muy fácil encubrir un suicidio, ya que, al aplicar una dosis extraordinariamente grande de insulina su organismo no soportaría mantenerse en la normalidad y experimentaría una baja de niveles de glucosa –lo que conocemos como hipoglucemia-, y por consiguiente, podría llegar al desvanecimiento corporal que pudiera concluir en una falta de oxigenación al cerebro… y la muerte segura, y difícil de diagnosticar.

El individuo tomó conciencia de ello y llamó a quien pudiera ayudarlo; le insistió en que no era una acción que hubiera pensado para él: “estoy totalmente seguro que nunca pensé en quitarme la vida, pero el hecho de visualizar una inyección como una posibilidad para escapar, me aterra, por eso requiero ayuda”, enfatizó.

Se preguntará el lector a qué viene la anterior historia, cuando no nos preocupan estos temas, sin embargo, es menester pensar en el alarmante incremento que tienen los suicidios en nuestro país. ¿De otras naciones? También hay grandes cifras, pero eso lo dejaremos para que se preocupen ellos mismos.

¿Qué lleva al suicidio a una persona? Desesperación, angustia, depresión… mil causas, y quizá la más reiterativa es la última. Cuando alguien se deprime y pierde el gusto por la vida, comienza un Viacrucis interminable. La depresión –y este dato lo puede certificar el maestro César Carranza, responsable de la carrera de psicología en la Unidad Académica de Trabajo Social y Ciencias para el Desarrollo Humano de la Universidad Autónoma de Tamaulipas- ha crecido alarmantemente en todos los sectores socioeconómicos, culturales y en todos, absolutamente todos los grupos de edades.

Muchas veces no pensamos que nuestros hijos pequeños puedan deprimirse, porque pensamos que no tienen angustias como los adultos: grave equivocación. Para un chico puede ser motivo de depresión y angustia el hecho de haber perdido su juego favorito o a uno de sus amigos. Lo que sucede en estos casos es que para nosotros, “adultos”, los problemas infantiles o juveniles no son tan graves como “los nuestros” y los pasamos por alto. Hay que atender cualquier síntoma que nos muestre algún tipo de desencanto por lo que hacemos, por la vida, por los nuestros.

Muchos de nosotros perdemos el entusiasmo por trabajar o por algo que es parte de nuestra vida, y obviamente, el rendimiento disminuye considerablemente, ocasionando pérdidas emocionales a la familia y a nosotros mismos, y económicas o académicas, dependiendo de lo que realicemos como actividad prioritaria.

Es muy importante (mucho, en verdad) que pongamos atención a los hijos y a nosotros mismos, a nuestra pareja y familiares, porque entonces podremos estar evitando situaciones de angustia que desencadenan en algún acontecimiento desagradable.

No es exageración, pero la historia narrada al principio de la presente colaboración es un hecho real, y gracias a la intervención de un profesional de la psicología pudo conjurarse un estado depresivo mayor que pudo haber dejado enlutada a una familia, a todos sus miembros, marcados por siempre, porque cuando un miembro comete estos actos, los demás sufren consecuencias en ocasiones por años.

Es importante no tomar tan a pecho los problemas sino enfrentarlos, pero cuando se diera una situación de esta naturaleza, hay que actuar inmediatamente, sin dejar para después una probable solución, ya que a veces puede ser demasiado tarde.

En Tamaulipas hemos escuchado cifras de esta problemática que nos ofrece la Secretaría de Salud a través del departamento correspondiente, y realmente resulta alarmante ver la cantidad de personas que caen en depresión.

Ojala todos, como parte de una familia o grupo de amigos, tengamos la capacidad de descubrir a tiempo un caso de depresión, y saber la manera de actuar en consecuencia, es vital para encontrar una buena convivencia, una buena relación familiar y comunitaria.

No dejemos para mañana una adecuada observación, pues.


Carlos Santamaría Ochoa

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